El Día Mundial de la Adopción nos invita a reflexionar sobre la importancia de garantizar que todos los niños, niñas y adolescentes crezcan en el seno de una familia que les brinde afecto, seguridad y oportunidades para su desarrollo integral. Más allá de una fecha conmemorativa, este día nos recuerda una responsabilidad compartida: hacer de la adopción un camino posible, humano y amoroso para restituir derechos vulnerados.
El Estado tiene un rol indelegable en la protección integral de los derechos de la niñez y la adolescencia. Esto implica no solo intervenir cuando estos derechos han sido vulnerados, sino también generar las condiciones necesarias para prevenir tales situaciones, fortaleciendo a las familias de origen y promoviendo entornos seguros, estables y afectivos. En aquellos casos donde, pese a todos los esfuerzos, no es posible la reunificación familiar, el Estado debe garantizar que los niños, niñas y adolescentes puedan acceder a una nueva familia que los acoja de manera definitiva, asegurando así el ejercicio pleno del derecho a vivir en familia.
La adopción constituye una medida de protección y restitución de derechos. No se trata de satisfacer una necesidad adulta, sino de garantizar que cada niño o niña encuentre un entorno estable, protector y afectivo. Adoptar implica acoger una historia de vida, respetar la identidad, y ofrecer un espacio de pertenencia desde donde se favorezca el desarrollo individual. En este proceso, el acompañamiento institucional —tanto previo como posterior a la adopción— es esencial para orientar, preparar y sostener a las familias, favoreciendo vínculos seguros y reparadores a lo largo del tiempo.
Uno de los grandes desafíos actuales es avanzar decididamente hacia la desinstitucionalización residencial de niños, niñas y adolescentes, reduciendo al mínimo su permanencia. Ninguna institución, por más dedicada o bien intencionada que sea, puede reemplazar los vínculos afectivos, cotidianos y estables que ofrece una familia. Por ello, fortalecer las rutas de adopción y asegurar procesos oportunos, rigurosos y humanizados resulta fundamental para garantizar el derecho a crecer en un entorno familiar.
Sin embargo, la adopción no es solo responsabilidad del Estado. La sociedad en su conjunto tiene un papel fundamental en su promoción. Por ello, promover una cultura de adopción implica sensibilizar, educar y convocar a más familias dispuestas a abrir su hogar y su corazón, entendiendo que lo esencial no es la biología, sino el compromiso afectivo, la disponibilidad emocional y la capacidad de ofrecer cuidado, contención y pertenencia.
Promover la adopción en Chile requiere comprenderla como un proceso continuo, que va mucho más allá del momento judicial. Supone un acompañamiento institucional sostenido, antes, durante y después de la adopción, que brinde orientación, apoyo técnico y contención a las familias, favoreciendo la construcción de vínculos sólidos, seguros y saludables. Este acompañamiento no solo fortalece la adaptación familiar, sino que constituye una expresión concreta del compromiso del Estado con la protección integral y el bienestar de la niñez y la adolescencia.
Gerardo Aliste, Coordinador de Proyectos de Corporación Opción.