El suicidio en niños, niñas y adolescentes es un problema de salud pública creciente. Prevenirlo exige detección temprana, redes de apoyo activas y acceso oportuno a servicios de salud mental. No podemos quedarnos en silencio: actuar a tiempo puede marcar la diferencia y salvar vidas.
Según los datos más recientes del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud, la situación es alarmante. Aunque la tasa general de suicidio en el país se ha mantenido en torno a los 10 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos años, el drama se agudiza al enfocar la mirada en los más jóvenes. Entre 2021 y 2022, el suicidio adolescente aumentó un preocupante 32 %. El alza fue particularmente dramática entre las mujeres de 15 a 19 años, con un incremento del 68 % a nivel nacional.
Cuando un adolescente decide quitarse la vida, no se trata solo de una tragedia individual: es también el reflejo del fracaso de una red completa que no supo —o no pudo— sostenerlo. ¿Qué más pudimos haber hecho como familia, como escuela, como amigos, como sistema de salud?
Asumir esta corresponsabilidad es el primer paso. No basta solo con esperar que el Estado implemente políticas públicas —aunque estas sean indispensables y una obligación respaldada por la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por Chile en 1990—. La prevención se construye en lo cotidiano, en los gestos que pueden parecer pequeños, pero que son fundamentales: escuchar sin juzgar, validar las emociones y demostrar una preocupación genuina.
La prevención debe ser entendida como un ecosistema articulado entre la familia, la comunidad escolar y los servicios de salud mental. Necesitamos capacitar a los docentes para que detecten señales de alerta, fortalecer los programas de salud mental en la atención primaria y, sobre todo, derribar el estigma que aún rodea la búsqueda de ayuda psicológica. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino un acto de valentía y autocuidado que debemos fomentar y facilitar.
Cada cifra es una vida, una historia truncada y un entorno familiar devastado. No podemos permitirnos seguir en silencio. Garantizar que cada niño, niña y adolescente en Chile sepa que su vida es valiosa y que no está solo no es solo un imperativo ético: es el cimiento sobre el cual construir una sociedad más solidaria para todos y todas.
Ximena Benavides, Coordinadora Intersectorial Región de O’Higgins, Corporación Opción
Eduardo Aguilera, Coordinador Regional Tarapacá, Corporación Opción