¿Qué nos falta para cambiar?

Cuando tenemos un sueño personal, lo buscamos y seguimos con ímpetu y entusiasmo para concretarlo. En materia de violencia hacia los niños y niñas, parece que no existe sueño personal o común como sociedad, y lo que es aún más preocupante no tenemos un plan. Entonces, ¿qué nos falta para cambiar esa realidad?

Tenemos como sociedad y país una robusta normativa y directrices que nos indican y dan el camino para que la violencia hacia los niños y niñas sea erradicada. La Convención de Derechos del Niño que adscribimos hace 32 años, lo señala de manera concreta y clara en su Art 19, de la misma manera lo hace la meta 16.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, parece que eso no convence ni convoca a generar el cambio cultural. Las cifras de violencia, abuso, acoso y maltrato año a año se incrementan y siguen reflejando que esta ocurre en los espacios de vida cercanos al niño o niña: la familia, la escuela y el barrio.

El Estado debe tomar con protagonismo este sueño -ese es su mandato- a través de un plan efectivo de acción que busque de manera preventiva su abordaje para evitar que la violencia ocurra y con ello todas las consecuencias que tiene en la vida de los niños, niñas y sus familias.

Hace 22 años, cada 19 de noviembre, se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Abuso y Violencia contra los niños y niñas, el cual nos hace recordar la urgencia que este tema tiene. Solo debemos dar el paso, y reconocer el papel fundamental de la promoción de derechos, para construir una sociedad libre de violencia, justa y respetuosa de la dignidad de los niños y niñas, para que puedan vivir sin miedo.

Catalina Lastarria, Coordinadora de Proyectos de Corporación Opción