Niñas del siglo XXI: todo es cancha

La imagen de Mon Laferte compartiendo el escenario con un enorme grupo de mujeres músicas, cantando y bailando cueca, es un buen ejemplo y un simbólico cuadro sobre cómo Chile cambió para siempre. Hace 20 años, las mujeres en el escenario del Festival de Viña ocupaban roles completamente secundarios.

Desde luego, las niñas hoy tienen un imaginario distinto que hace 20 años. Pueden prender el televisor, abrir sus redes sociales y encontrar presidentas, científicas, activistas, artistas; mujeres visibles y ocupando un espacio que, por siglos, les estuvo completamente vedado.

Para las niñas del siglo XXI, todo es cancha. Pueden aspirar a ser todo lo que quieran, no como un ejercicio de ciencia ficción, sino como un sueño legítimo. Ello ha sido posible porque otras mujeres han corrido el cerco para ellas: para que puedan participar de la vida política, académica, deportiva, artística; para que puedan ser artífices de su propio proyecto de vida.

Aún nos queda un largo trecho, de ello no hay duda. Las niñas son el grupo etario en situación de mayor pobreza, con mayor riesgo de ser víctimas de violencia sexual y, como consecuencia de ello, de ser excluidas del sistema escolar y padecer trastornos graves de salud mental. Por lo mismo, tienen menores posibilidades que los niños de ingresar a la educación superior y acceder a mejores oportunidades laborales. Sin embargo, cuando logran saltar esas barreras, sus trayectorias académicas y laborales tienen altos niveles de excelencia. Es, entonces, tarea de las políticas públicas seguir avanzando para acortar estas brechas y hacerse cargo de la discriminación estructural e histórica que ha afectado a niñas, adolescentes y mujeres.

Con todo, la comunidad también debe asumir la responsabilidad de romper los “techos de cristal”, permitiendo así a niñas y jóvenes desarrollar el máximo de sus potencialidades.

*Camila De la Maza, Coordinadora de Seguimiento Legislativo de Corporación Opción