En nombre de los derechos de los niños y niñas

Como ciudadanos y ciudadanas nos impactó conocer la existencia de investigaciones académicas que intentan fundamentar la pedofilia como un acto natural, razonable socialmente y no dañino hacia los niños y niñas; sustentando sus ideas en la libertad individual y en aquello que las organizaciones de la sociedad civil, y entidades nacionales e internacionales, han impulsado a partir de la Convención de Derechos del Niño: el derecho a opinar y participar, desde la libre expresión y la autonomía progresiva, para tomar decisiones que les conciernen.

Sorprende acercarnos a modelos teóricos elaborados –y probablemente líneas de investigación que las avalen y difundan- donde un delito que conmociona a las sociedades modernas, como es el abuso sexual infantil, sea justificado y promovido como una práctica positiva, aun cuando el niño o niña agredido se vuelva un objeto de satisfacción para un adulto. No repara en la asimetría de poder, en el daño, ni en los nocivos efectos que para niños y niñas tiene este tipo de traumáticas experiencias. Esta manera de pensar la niñez, forma parte de ideas que creíamos superadas.

Nuestra experiencia como institución nos permite afirmar que el abuso sexual infantil no es inocuo, pues genera severas dificultades, que muchas veces continúan presentes en la vida adulta, manifestándose en sintomatología a nivel emocional y en las relaciones con los otros, afectando la seguridad en sí mismos, la autovaloración y la manera de comprender el mundo, pues la experiencia de trasgresión en la esfera de la sexualidad por parte de un adulto, muestra una de las peores caras de una sociedad, porque la dignidad y el respeto hacia los niños y niñas dejan de ser el valor fundamental con el que los seres humanos convivimos.

Lorena Bojanic, Coordinadora de Proyectos de Corporación Opción