El 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una oportunidad para reflexionar sobre los derechos de quienes enfrentan barreras físicas, sociales y culturales en su vida cotidiana, especialmente durante la niñez y la adolescencia.
La Convención sobre los Derechos del Niño, en su artículo 23, establece que los niños y niñas con discapacidad tienen derecho a una vida plena y digna. Los Estados deben garantizarles las condiciones necesarias para que puedan desarrollarse, participar activamente en la comunidad y alcanzar la mayor autonomía posible. Asimismo, tienen derecho a recibir cuidados especiales que consideren su bienestar y las circunstancias de su entorno familiar.
En Chile, según el Estudio de Opinión de niños, niñas y adolescentes de la Defensoría de la Niñez (2019)[1], éstos se perciben como uno de los grupos más discriminados, después de las diversidades sexuales. Esto refleja la persistencia de barreras sociales que limitan su inclusión y el pleno ejercicio de sus derechos.
Entre las principales dificultades que enfrentan, están las barreras para desarrollar su autonomía, en medio de la indiferencia de una sociedad que muchas veces, no los reconoce por sus capacidades. Sin embargo, también son niños y niñas que quieren jugar, asistir al cine, ir al parque o al colegio, como cualquier otro.
Es crucial reconocer que antes de la discapacidad está la persona. El lenguaje que utilizamos no solo comunica, sino que también construye realidades: no se trata de “niños discapacitados”, sino de niños y niñas con discapacidad, porque su condición no los define. Como sociedad debemos relacionarnos con ellos desde el respeto, sin descalificativos ni apodos, simplemente llamándolos por su nombre y reconociendo su individualidad.
Es necesario garantizar su cuidado, protección y el desarrollo de su potencial. Esto implica promover su independencia, eliminar barreras físicas y actitudinales, y deshacernos de prejuicios sociales. Una sociedad más justa e inclusiva no solo beneficia a las personas con discapacidad, sino que nos enriquece a todos.
La dignidad y los derechos de los niños, niñas y adolescentes deben ser prioridad. Construyamos un entorno que los acoja, los valore y les permita crecer con autonomía y respeto. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad verdaderamente inclusiva.
[1] Defensoría de la Niñez. 2020. Estudio de Opinión de Niños, Niñas y Adolescentes 2019, p. 295. Disponible en: https://www.defensorianinez.cl/estud_y_estadi/estudio-de-opinion-a-ninos-ninas-y-adolescentes-2019/
Natalia Soto, Gestora de Inclusión de Corporación Opción