Cada año repetimos cifras, campañas y mensajes sobre prevenir el abuso sexual infantil, volvemos a destacar “lo importante que es hablar del tema”. Sin embargo, la prevención parece no avanzar con declaraciones simbólicas.
En Chile, los datos son alarmantes. Durante el año 2023, ingresaron 40.361 denuncias por delitos sexuales en los que la víctima era un niño, niña o adolescente (Ministerio Público, 2024). Asimismo, la Defensoría de la Niñez, en su Informe Anual 2024 señaló que la violencia sexual digital está al alza con cerca de 2.000 casos. Estas cifras ilustran una crisis persistente que vuelve a recordar que el abuso sexual infantil no es un problema individual, sino un problema social que requiere de una respuesta colectiva que involucra a madres, padres, docentes, profesionales, vecinos y Estado.
En este marco, tratar de prevenir sin darle voz a la infancia es un contrasentido, pues se requiere reconocerlos como sujetos de derecho, con voz propia, con capacidad de opinar, poner límites y pedir ayuda. Y para eso, los adultos debemos estar disponibles, atentos y preparados. Por eso este día no debería quedarse en consignas. Debería ser una invitación concreta a actuar mediante familias que conversan; escuelas que educan sin miedo; profesionales capacitados; comunidades vigilantes; instituciones que escuchan y no encubren, sociedades que están atentas cuando algo incomoda, que observan cuando un niño o niña cambia de conducta, cuando un adolescente dice que necesita ayuda porque la primera causa de silencio no es el miedo al agresor: es el miedo a no ser creído.
Daniela Sánchez Miñán, Coordinadora de Proyectos de Corporación Opción