El reciente informe de la Fiscalía Nacional sobre responsabilidad penal adolescente recoge información de los últimos 10 años y entrega evidencias claras para conocer la magnitud de los adolescentes en el sistema penal juvenil, manifestando que éstos se mantienen por debajo de los niveles del primer año del estudio. Un segundo hallazgo determina que, para la mayoría de los adolescentes, la infracción es un hecho esporádico que concluye en un desistimiento temprano.
El estudio desmiente el mito del “adolescente hiperviolento” vinculado al crimen organizado al señalar que la concentración de reincidencia delictiva, los multi-reincidentes, se reducen solo a un 2,4% de los adolescentes estudiados y no se relacionan con delitos violentos, sino con infracciones reiteradas no violentas contra la propiedad.
Responder a este diagnóstico con más cárcel, mayores penas, o bajas en la edad de imputabilidad es insistir en una receta ineficaz que solo profundiza la criminalización. Si la necesidad de pertenencia y el deseo de reconocimiento rápido son propios de la adolescencia, el abandono del Estado -al no ofrecer prevención y alternativas de inclusión social tempranas- deja a estos jóvenes a disposición de la subcultura delictiva.
La solución pasa por dejar de llegar tarde. Requerimos priorizar la prevención, la resolución alternativa de conflictos y las prácticas restaurativas desde el territorio. La seguridad humana y la convivencia pacífica no se logra sacando de circulación y aislando a los adolescentes, sino ofreciéndole oportunidades atractivas y reales para la integración social.
Osvaldo Vázquez, Coordinador de Proyectos de Corporación Opción
